Dalrymple nos advierte de la falacia de los argumentos ad hominem

Dalrymple nos advierte de la falacia de los argumentos ad hominem

Un argumento ad hominem consiste en dar por sentada la falsedad de una afirmación tomando como argumento quién es el emisor de ésta. Seguro que les suena, es probable que la hayan sufrido y, por supuesto, es falso.

En el último número de la siempre interesante revista británica The Salisbury Review, Theodore Dalrymple comenta esta falacia argumental tan extendida y escribe lo siguiente:

Hoy mismo, por ejemplo, he visto el siguiente titular en la portada de The Guardian: ‘Chris Huhne: los votantes de Nigel Farage son los que suelen ser menos educados’. Y ya en el artículo, Mr. Huhne dice que ‘los vitantes del UKIP son viejos, tienen miedo y padecen ansiedad’“.

Y añade: “Ser viejo no es ningún crimen y, de hecho, hasta el advenimiento de la era de la música pop la edad estaba asociada a la sabiduría; y aunque es posible padecer ansiedad sin causa alguna, también es posible ser despreocupado de manera imprudente. Que alguien tenga miedo, por sí mismo, no nos dice nada sobre si hay razón o no para su miedo. En 1938, por ejemplo, Churchill era viejo, tenía miedo y estaba ansioso. ¿Quién puede decir que no tenía motivo para estar asustado?“.

Como vemos, Dalrymple desmonta con brillantez la descalificación ad hominem de ese tal Huhne.

No he podido dejar de pensar en la de veces que me he encontrado, y me encuentro, sometido a este tipo de falacia descalificadora. Y mientras me venían a la cabeza ejemplos, he buscado en wikipedia ejemplos de argumentos ad hominem y me he llevado una sorpresa. Miren algunos de los ejemplos que encontramos:

  • Usted nunca tuvo necesidades, así que no puede hablar sobre lo que hace o deja de hacer el Estado.
  • Dices eso porque eres un burgués (aquí se admiten numerosos adjetivos).
  • ¿Qué puede saber un sacerdote sobre los hijos si no ha tenido ninguno?
  • Tú no eres mujer, por tanto tú no puedes opinar sobre el aborto.

Absurdo, ¿verdad? Y sin embargo tan frecuente, tan normal que incluso nosotros mismos nos autocensuramos (mejor no digo esto porque me dirán que lo digo porque soy…).

Ya lo saben, la próxima vez que los quieran descalificar con un argumento de este tipo, respondan diciendo que no aceptan descalificaciones ad hominem. Es posible que nuestro interlocutor siga igual, pero al menos le habremos desconcertado durante un rato y le obligaremos a ir, como yo, a consultar wikipedia para saber de qué va eso. Y, quién sabe, a lo mejor incluso les mueve a pensar un poco y a replantearse algunas cosas.

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