La batalla de las bombillas

El Spiegel publicaba hace poco un artículo sobre bombillas que venía precedido por el siguiente titular: Dictadura en Bruselas. Intrigante.

El hecho es que desde el pasado mes de septiembre, es ilegal importar o producir bombillas incandescentes en los países miembros de la UE. La razón: parece ser que las bombillas incandescentes desperdician gran parte de la energía que consumen.

Pero la decisión, tan aséptica, ecológica y políticamente correcta, revela que algo huele a podrido en la Corte de Bruselas, según Michaela Schiessi, la reportera del Spiegel. Porque, nos recuerda, ningún país ni ningún ciudadano ha sido consultado al respecto. En efecto, la Comisión empezó a trabajar en 2007 y, sin que nadie se hubiera enterado de que estaba trabajando en el asunto, se descolgó con la directiva 244/2009 dos años más tarde. Sin participación del Parlament Europeo, relegado por el cuerpo de tecnocratas que rige la Comisión según la nueva doctrina, amparada por el Tratado de Lisboa, de que la Comisión puede dictar leyes según el procedimiento de acto delegado o acto implementado. En estos casos, el Parlamento tiene meramente un derecho de revocación y una fecha límite para interponer objeciones. En vez de dictar leyes, ahora los parlamentarios se supone que deben dedicarse a vetarlas.

En definitiva, que un cuerpo de burócratas no elegidos por los ciudadanos, la Comisión, gana cada día más poder.
Y lo de las bombillas puede ser sólo el principio. Parece ser que ya hay planes para limitar la temperatura que será permitida en las laminas calentadoras de las cafeteras y que también están muy avanzadas nuevas normativas sobre las aspiradoras y los detergentes, por no hablar del caudal de las duchas. ¿Cuanto falta para que regulen el grado de tueste al que estará permitido someter al pan con que desayunamos?

Claro que, todas estas pretensiones regulatorias siempre acaban mal, pues la vida es más rica que lo que pueden prever los burócratas (por fortuna). Y así, ahora resulta que ya hay voces que dicen que la implantación obligatoria de bombillas de bajó consumo es un crimen ecológico, debido al mercurio que contienen. En nombre del respeto al medio ambiente, nos están obligando a almacenar basura tóxica en nuestras casas, afirma el químico Michael Braungart.

Si había todavía alguien que no entendía que es lo que falla en la Unión Europea, cuestiones como esta deberían bastarle para comprenderlo

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