La politización de todas las cosas

La politización de todas las cosas

Y seguramente por todo el mundo. Enrique Krauze acaba de publicar en Letras Libres sobre cómo esta politización es moneda común en México. De su artículo extraigo los siguientes fragmentos:

““Politizar” es una palabra relativamente nueva en castellano. No aparece en el Diccionario de la Real Academia Española (edición de 1970), en su primera acepción “Dar orientación y contenido político a acciones, pensamientos o personas que, corrientemente, no lo tienen“..

Y sigue Krauze: “Entendida así, la politización es un fenómeno antiguo. En la historiografía inglesa, por ejemplo, se practicó por mucho tiempo la llamada interpretación Whig, que leía los hechos históricos bajo los patrones y valores políticos que favorecían la larga permanencia del partido Whig. En la historia mexicana (tanto la liberal como la conservadora y la revolucionaria) hay buenos ejemplos de este uso distorsionado del saber para legitimar al poder.

En la esfera de la cultura, la politización puede desembocar en lo que Jean Paul Sartre llamó “la militarización de la cultura”. A un libro, una obra de arte, un descubrimiento científico o un producto cultural de cualquier índole, no se le juzga -si se le juzga- por su calidad o su valor intrínseco, sino por la real o supuesta filiación política de sus creadores. Si es “amigo”, la obra es “buena”; si es “enemigo”, la obra es “mala” o, finalmente, no existe. Con la “politización de todas las cosas” se pierde el sentido mismo de la creación y el saber. Por eso preocupa tanto que cunda en medios universitarios.

Una forma particularmente insidiosa y obsesiva de esta politización es la teoría conspiratoria. Quienes incurren en ella no preguntan sobre la verdad objetiva de los hechos sino por el “poder” que adivinan o imaginan -sin probarlo nunca- “detrás” de ellos. El poder elevado a categoría explicativa absoluta. No abundaré sobre esta patología intelectual y moral, tan presente en la retórica populista latinoamericana de estos años.

La politización de todas las cosas ha tenido efectos devastadores sobre las relaciones personales. En su tratado de la amistad, Cicerón apunta que la política es causa fundamental de la discordia entre amigos. En el México de estos años, la politización extrema (esa forma intolerante de acercarse a la política o de practicarla) no sólo ha sembrado división entre amigos sino entre hermanos. Familias enteras comienzan a considerar, apenas ahora, los costos del encono ideológico“.

Me parece que tiene razón, y que además es importante. Y esto no es ningún llamamiento a abandonar la política, que a mí personalmente me apasiona, sino a no dejar que ésta invada ámbitos que no le son propios. Somos muchos los que estamos hartos de que un partido de fútbol se convierta en política, de que una canción se convierta en política, de que llevar cierta ropa sea leído por algunos desde un prisma político y podríamos seguir ad infinitum. La vida es más rica.

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